Nueva crisis emergente

Foto: Jamie In Bytown via flickr.com

Ahora que no se para de hablar de la crisis de laos países emergentes, debemos ver que la tormenta que registraron el viernes los mercados tiene su origen el pasado 18 de diciembre. El inicio de la retirada de los estímulos por parte de la Fed fue bien acogido por las bolsas, que vieron en la medida una evidencia de la recuperación económica. Pero, con esta medida, se aceleró la desestabilización de los mercados emergentes, que unían a la ralentización de su crecimiento y a sus altas tasas de inflación, la salida de capitales hacia las economías desarrolladas.

La depreciación de las divisas de dichos países, como por ejemplo la experimentada por la lira turca, se inició hace ya varias semanas. Y en muchos de los últimos informes publicados por casas de análisis de prestigio sobre la economía global, se resaltaban la reducción del rimo de crecimiento de las economías de los países emergentes.

Pero los inversores parece que habían ignoraron estas alertas, confiados en las incesantes voces que invitaban al optimismo sobre los parqués. Hasta que el viernes resonaron las alarmas.

El derrumbe en cadena de las monedas de diversos países emergentes, con el peso argentino como principal exponente, propició el mayor repunte de la volatilidad en las bolsas en medio año. El Ibex firmó su peor sesión desde febrero y completó su semana más aciaga en dieciséis meses –con un retroceso de 5,7%–.

Adjunto previsión de magnitudes económicas de los países emergentes según Bankinter.

Argentina

El peso se depreció -15% en dos días, debido a que su banco central ya no puede permitirse continuar consumiendo reservas en dólares para sostener el cambio de su divisa.

Aunque el Gobierno anunciará previsiblemente hoy la autorización a los ciudadanos para comprar dólares, mantiene intervenida su divisa desde hace aprox. 3 años y ha venido imponiendo severas restricciones al sector exterior de la economía. Las reservas consumidas utilizadas precisamente en mantener la divisa (30% del total de reservas en 2013) han sido excesivas, y su banco central se ha visto obligado a dejar de intervenir en el mercado de divisas y dejar el peso se cruce de manera libre (hoy Argentina tiene reservas por 29.260M$, mínimo de siete años).

Además, el cuadro macroeconómico se ha vuelto cada vez más delicado, con una inflación real intolerable, estimada en torno +28% vs +11% oficial, y un crecimiento del PIB insuficiente, +5,5% en 3T’13, pero la evolución real probablemente sea muy inferior, cercana a cero tal vez. Esta vulnerabilidad pondrá de manifiesto que las cifras reales de su economía distan de las oficiales y precipitará rápidamente el deterioro del cuadro macroeconómico argentino.

El pasado viernes Argentina consiguió aminorar la tormenta que azotaba a su moneda –e hizo zozobrar al conjunto de los mercados financieros internacionales– anunciando dos medidas fundamentales: el fin del cepo cambiario, al autorizar la compra de dólares por los ahorradores; y una rebaja hasta el 20% (desde el 35% actual) en el pago a cuenta del Impuesto a las Ganancias para la compra de dólares por turismo y para gastos con tarjeta en el exterior. Pero ayer el Ejecutivo argentino se desdijo sobre la segunda de estas medidas. El ministro de Economía, Axel Kicillof, advirtió en una entrevista de que esta rebaja no será implementada hoy, tal y como estaba previsto. Sobre la otra de las actuaciones anunciadas por el Gobierno que preside Cristina Fernández de Kirchner, la posibilidad de adquirir dólares por parte de particulares, también existe escepticismo, pues se teme que los controles que efectuará la Administración para autorizar dichas operaciones acaben por minimizar su eficacia.

 

 

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